El dolor de Guillermo Avilés

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miércoles, mayo 08, 2019

UN ÁNGEL GUERRERO


Él es todo un guerrero. Ha probado su valor en encarnizadas batallas, frente a enemigos muy destructivos, pero él no siente miedo en ninguno de los frentes de combate asumidos.


Su cuerpo alto, fornido, de tez oscura, no viste de camuflaje ni de uniforme de campaña, ni ajusta a su cuerpo un portabales.


Ángel Eduardo Domínguez Allen vive la mayor parte de sus días vestido de blanco impecable, porque él sólo es un enfermero, con un impresionante aval de trabajo.



Pertenece al sistema de Salud de Ciego de Ávila, en la parte central de Cuba, en cuya Facultad de Ciencias Médicas cursó la Licenciatura en Enfermería y aprobó los Diplomados en Terapia Intensiva, Hemodiálisis  y Atención al Paciente Oncológico.



Tiene una formación profesional muy completa, con capacidad para ejecutar complejos procederes médicos y atender dolencias de todo tipo.



Nunca se ha relacionado con las armas ni las guerras. Sus combates los libra en el plano médico, luchando contra la muerte, el dolor, la incapacidad física.



Es un defensor de las personas que padecen de enfermedades graves, de cáncer, de insuficiencia renal crónica y otras, todas muy letales.



El licenciado Ángel Eduardo nació el 27 de mayo de 1964 y desde muy joven hizo un pacto con la prolongación de la vida, por eso se dedicó a cuidar enfermos.



En Ciego de Ávila su labor es conocida y reconocida en el Hospital Provincial Doctor Antonio Luaces Iraola, por eso un día fue propuesto para cumplir una colaboración en la República Bolivariana de Venezuela, entre los años 2005-2010.



Allí laboró en el restablecimiento de venezolanos enfermos y también en la divulgación de cómo prevenir enfermedades. Fue una experiencia importante en su vida profesional y personal.



En septiembre del 2014 el avileño Ángel Eduardo es convocado a prepararse para participar en una colosal batalla, de extremo peligro para su vida y en la cual pocos trabajadores del sector de la Salud del mundo han asumido.



Se trata de frenar, de eliminar un brote de ébola en África, que amenazaba con extenderse al continente y de ahí, al planeta. La Organización Mundial de la Salud, pidió ayuda a Cuba y de inmediato se alistó un grupo de médicos y enfermeros para asumir la riesgosa misión.



Como integrante del Contingente Internacional de Médicos Especializados en Situaciones de Desastres y Graves Epidemias Henry Reeve, el Licenciado Domínguez Allen viaja a Liberia, donde laboró hasta marzo del 2015.



El enfermero avileño encontró allí una situación en extremo difícil, pues unido a la pobreza del país, las pocas condiciones para prestar asistencia hospitalaria, enfrentaba una enfermedad sumamente contagiosa y mortífera en extremo.



Las altas temperaturas del clima liberiano agudizaban las molestias de un pesado y caluroso vestuario, necesario para minimizar el contagio del virus, que Ángel Eduardo usó junto a severas medidas de protección que hacían de las horas de trabajo, un acto estoico.



Este combate lo venció y salió del campo de batalla con todo el éxito y los honores merecidos.  



Ángel Eduardo en su última etapa de trabajo en el hospital de Ciego de Ávila es designado para atender a pacientes con cáncer en la sala de Oncología. Esta función es apropiada para él por su capacidad profesional y su sensibilidad humana.



Pero al poco tiempo es de nuevo convocado a una tercera misión médica y así retorna a Venezuela donde presta servicios ahora, en el estado Yaracuy, municipio Bolívar.



Esta segunda colaboración en tierra venezolana la hace en otras circunstancias, que Ángel Eduardo explica:



“La situación es tensa, agravado por el asedio constante por parte del gobierno de los Estados Unidos; en ocasiones falta la electricidad y el agua debido a los sabotajes, a pesar de ello la brigada médica cubana se ha mantenido brindando todos los servicios disponibles”.


¿Se mantiene la aceptación de los pacientes en Venezuela?



“Si, el pueblo venezolano sigue agradeciendo nuestro apoyo y recibiendo con mucha gratitud la ayuda que le estamos brindando”, asegura Ángel Eduardo.


En mi caso particular siempre es una experiencia nueva, pero siempre mantengo la misma disposición de seguir brindando mis servicios como en ocasiones anteriores donde sea necesario y nuestro gobierno nos lo solicite, bajo cualquier circunstancia y siempre con el espíritu internacionalista de nuestro país.


¿Queda algo por decir?


“Que seguiré brindando mis servicios con profesionalidad para poner en alto el prestigio de la enfermería de Cuba y muy especialmente, la de mi provincia de Ciego de Ávila”.


Queda claro, el fornido enfermero cubano está lejos de empuñar armas o ser asesor militar de Cuba en Venezuela. 

Este domingo, que se celebra el Día Mundial de la Enfermería y los 60 años de creada la Sociedad Cubana de Enfermería (SOCUENF), el licenciado Ángel Eduardo Domínguez Allen es un máximo exponente de la digna profesión.

Su obra, su vida, está comprometida con la cura o el alivio de enfermedades que puedan sufrir personas de cualquier parte del mundo y ese acto lo asume con valor, como el más digno combate que un hombre pueda librar.

Idania Pupo Freyre


Ángel Eduardo atendiendo a una paciente en Venezuela


El enfermero avileño en su estancia en Liberia

En uno de los actos por el Primero de Mayo en Ciego de Ávila
Tras cumplir su combate contra el ébola en Liberia, es recibido en Ciego de Ávila

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